El extraño liderazgo 2.0 de Nagore de los Ríos
Patxi Igandekoa.- Durante los últimos días, y por razones un tanto incomprensibles -puesto que la cosa en el fondo no marcha del todo mal-, ha vuelto a arreciar la polémica pública contra el portal participativo Irekia y la política de OpenGovernment y de datos abiertos del Gobierno Vasco. Da la impresión de que aquí sucede lo mismo que en la economía: las cifras de fondo y las condiciones mejoran con lentitud, pero la situación sigue siendo lo bastante precaria como para excitar el pesimismo no solo de ajenos, sino también de propios. Esto, en otro tiempo, habría sido motivo de alta traición. Hoy bastan un par de visitas al psicoanalista para que te recete algo con lo que mantener la hipocondria a raya. Irekia es un montaje al servicio de Lehendakaritza. Irekia ha fracasado, se hunde, el público huye de ella como de la lepra, poniendo en la web 2.0 un contrapunto adecuado al precario desempeño de la legislatura de Patxi López en el mundo real. Porque hay que ver las cosas que se leen y lo que hay que oir.
Como existe mucha confusión al respecto es preciso aclarar antes algunos hechos sobre Irekia y el OpenGovernment. Para ser justos conviene decir en primer lugar que no se trata de una mala idea, y también que su implementación en Euskadi, siguiendo el ejemplo de otros lugares en los que se disponía de experiencia en el tema, ha sido a grandes rasgos adecuada. En pocas palabras y para que cualquier profano lo entienda: la política de transparencia del Gobierno Vasco a través de los medios informáticos que la revolución 2.0 pone a nuestro servicio ha cobrado vida mediante una plataforma dual formada por dos módulos: Irekia, portal participativo que funciona como una especie de agencia de noticias con modalidad de funcionamiento en duplex, a través de la cual el ciudadano no solo recibe información sino que también puede canalizar sugerencias, comentarios y propuestas; y OpenData, mostrador para la obtención de archivos con datos de variada índole que la administración cede al público para que los utilice con diversos fines.
Las ventajas de estos proyectos son incontestables: para empezar una mayor economía -al utilizar herramientas de código libre no es necesario realizar cuantiosas inversiones en programación ni soluciones propietarias-, un desarrollo basado en estándares abiertos que permite trabajos futuros de ampliación y mantenimiento bajo administraciones futuras y empresas distintas a las que crearon el proyecto, interfaces transparentes y de manejo sencillo, bajos requerimientos de personal y un coste de mantenimiento ínfimo. En este aspecto se puede decir que Irekia y OpenData no son una mala inversión, sobre todo si se los compara con otros proyectos informáticos, tanto del sector público como de la empresa privada. 150.000 euros no son dinero, ni siquiera en una época de recortes masivos como esta. Un coche oficial provisto de blindaje y los equipamientos habituales sale más caro.
Sin embargo la política de gobierno abierto de la administración López también presenta sus puntos débiles. El más palmario, al margen de su inequívoca intención de obtener réditos electorales, es una falta de planteamientos claros que pasa desapercibida en medio de la aparente concreción de la jerga de consultoría que diversos gurús al servicio del gobierno emplean para venderla. A día de hoy Irekia es una confusión de ideas, objetivos, proyectos, asignaciones competenciales e iniciativas improvisadas. Se discute mucho con funcionarios acerca de la noción de propiedad de los datos, se trabaja en problemas puntuales con archivos de fotografías, incompatibilidad de formatos, formación de personal administrativo y la iniciación de periodistas en el manejo de herramientas 2.0, etc. El esfuerzo de ingenieros y programadores se dispersa en la solución de cometidos secundarios y en resolver pequeños conflictos que no tendrían razón de ser si el trabajo de base estuviese bien hecho.
Aunque se entiende bien la importancia de codificarlo todo con estándares abiertos como XML -trabajo les habrá costado a los programadores explicar esto a sus funcionariales y politizados jefes-, no se trabaja en la elaboración de una base fundamental de tablas de datos, condición indispensable para que los productos de código libre utilizados (lenguajes de programación como Ruby on Rails, bases de datos como PostgreSQL y el robusto servidor Web Apache) alcancen un rendimiento satisfactorio. Cuando se piden detalles técnicos referentes al tema, la única respuesta que se recibe es que un funcionario del Gobierno Vasco y conocido twittero llamado Alberto Ortiz de Zárate alias “Alorza” ya se está encargando de eso.
Tendríamos que dedicar un artículo, o mejor dicho todo un libro, a las dificultades a las que en la vida real hace frente todo intento serio de poner a disposición de la ciudadanía los datos que obran en poder de quienes manejan la cosa pública. Aun más interesante es la cuestión de lo que las administraciones hacen o pueden hacer con los datos que obran en su poder o que obtienen en el desempeño de su actividad política o gestora. También se podría hablar largo y tendido de por qué las políticas de transparencia, dentro de esa perversidad semántica tan propia de la comunicación moderna, funcionan como un camuflaje perfecto para la explotación de los datos que realmente importan: no insulsos datasets descargables por Internet con cifras de climatología y tráfico que a nadie le interesan, sino la información económica y personal generada por los propios ciudadanos, y a la cual no se permite acceder ni siquiera a sus legítimos propietarios. Créanme si les digo que el asunto es más serio de lo que parece. Lo sé por experiencia propia.
Por el momento baste decir que Irekia y OpenData constituyen un caso típico de expectativas insatisfechas. El bombo que se les dio en un principio, al amor de una fe desorbitada en el poder de las redes sociales como resultado de aquel fenómeno de masas que algunos publicistas llaman “Obamanía”, devino a la postre en unos índices de participación popular irrisorios. En la práctica los únicos contribuyentes de la plataforma gubernamental son un grupo de adláteres próximos al equipo directivo, y además sin gran entusiasmo que se diga. Algunos de ellos, probablemente integrados en el proyecto o comprometidos por vínculos de lealtad o clientelismo -porque de otro modo no se explica semejante celo combativo- se dedican a defender Irekia contra sus críticos en diversos blogs, como por ejemplo Cybereuskadi, haciendo gala de una arrogancia y una agresividad que pone de manifiesto otro de los grandes déficits ocultos de la política de gobierno abierto de Ajuria Enea: la inmadurez de las personas encargadas de defenderla en el ámbito público de las redes.
Toda recensión acerca del OpenGovernment euskérico quedaría incompleta sin hablar de la mujer que la dirige: Nagore de los Ríos. Conocerla en persona, y no a través de versiones distorsionadas en la prensa o el twitter, es toda una experiencia y no vamos a decir que negativa sino todo lo contrario. Ni qué decir tiene que no es ni de lejos la persona indicada para asumir la responsabilidad sobre un proyecto tecnológico y de comunicación social tan ambicioso como Irekia/OpenData. Pero su capacidad para transmitir el mensaje del gobierno abierto de la cual ella misma se ha proclamado entusiasta embajadora (“evangelizar” es una de sus palabras preferidas cuando habla del tema), mediante un discurso llano, con una mímica de realce casi televisiva, comentarios frecuentemente zafios y una convicción absoluta y sin fisuras en todo lo que dice, son en estos momentos, aunque parezca paradójico, el sostén más eficaz de todo el proyecto Irekia.
No deberíamos subestimar el poder de convocatoria que tienen estas personas cuyo desarrollo emocional y mental se detuvo a la edad de 16 años. Nagore de los Ríos posee, a su modo, un indudable carisma y un gran poder de convocatoria. Con su frescura juvenil y su atractivo de chica francesa de barrio obrero a la que le quedan bien los peinados sencillos y cualquier cosa que se ponga encima, jovial, impulsiva, ordinaria, echada p’alante y tímida a un tiempo, no cabe duda de que al nombrar directora de su política de gobierno abierto a esta mujer, que al mandar invitaciones por correo electrónico se dirige a sus compañeros de profesión llamándolos “queridos juntaletras”, el Lehendakari López tuvo un acierto en términos de un sistema de coordenadas que escapa a nuestra comprensión. Si para Marshall Mac Luhan el medio era el mensaje, bien se puede decir que Irekia, al menos en estos difíciles días en que intenta reorientarse y venderse mejor al público, es en gran parte Nagore.

Esto es interesantisimo.
Jope!!!
ES LA ERENCIA DE 30 AÑOS DE PENEUVISMO.
AHORA NOS TOCA AGUANTAR ESTA BAZOFIA.DE GOBIERNO VASCONGADO.
MARKETING BASURA ,CON CYBER MIERDA.INCLUIDA
DAN PANICO
iba a preguntar que quien cojones es nagore de los rios, pero he visto en google que es una chica mona.
Cualquiera que haya conocido a Nagore de los Ríos, y que tenga unas mínimas dotes de observación por encima de su supuesta simpatía, podrá constatar su ambición por encima de quien sea, y extremo afán de protagonismo (niña en la comunión, novia en la boda y hasta fallecida en el funeral ajeno). Tras su paso por Radio Euskadi, Radio Bilbao y la Cope, de ser la responsable de comunicación de Txema Oleaga en el Ayuntamiento de Bilbao devino en supuesta experta en redes sociales con el único bagaje de una simpática campaña de microvideos electorales. Mucha rostro, ambición y artificio, cero ideología, escasa formación y ninguna ética.
+10 No has podido definirla mejor. Saludos
Entrevista a Nagore de los Ríos sobre Irekia http://www.youtube.com/watch?v=9oBbtg4kCRk. “Evangelizando”