Bildu y Guantánamo.- Desde mi baserri
Juan de Etxano.- El Banco Central Europeo (BCE) acaba de denunciar que el estado español ha derrochado 50.000 millones de euros en diez años. En esa cifra astronómica entra de todo: corrupción, aeropuertos sin aviones, saraos faraónicos, proyectos inviables… La prensa especializada y los políticos, sin embargo, dedican todos sus esfuerzos a dos temas: las torturas de Guantánamo y a ver cómo consiguen presionar a los jueces para no sólo impugnar las candidaturas de Bildu sino la mismísima coalición.
La estrategia española siempre ha sido la misma: magnificar los casos externos y silenciar los propios: los excesos de Guantánamo parecen lo más; que España se exceda en los casos de torturas a presos vascos es una anécdota que sólo tiene cabida en los faldones de las páginas pares. No hay campo para la investigación y sí para que esas denuncias se archiven o pasen al limbo de las desapariciones.
El furor patrio lleva a algunos periodistas, el caso Troitiño es otro pedestal -claro, es un vasco- del tira y afloja electoral, a decir que sólo ha cumplido 24 años de cárcel, como si tan prolongado espacio de tiempo entre cuatro paredes fuera una bendición. Tamaño despropósito no se les ocurrió cuando los condenados por los GAL iban saliendo de rositas sin cumplir íntegra ninguna condena.
Bildu es un intento serio de buscar la normalización política vasca y acabar de una vez por todas con la violencia política. El estado -como si fuera uno cohesionado y compacto sólo ante el tema vasco-, pretende que fracase. Se siente fuerte y capaz de imponer el garrote antes que dejar que la democracia aporte algo de aire fresco y limpio. Prefiere seguir derrochando otros 50.000 millones y que todos callen: que habrá reparto generoso para todos menos para los de siempre: trabajadores y pensionistas.

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