Los bocadillos indigeribles del PP
Patxi Igandekoa.-En uno de sus tebeos, Asterix el Galo pronuncia una frase enigmática: “Es mejor no hacerse ilusiones: cuanto más potente es un ejército peor es la comida, eso ayuda a mantener el espíritu combativo de los soldados”. En la siguiente viñeta, tras haber probado el rancho, el indomable galo aparta el plato con gesto de repugnancia diciendo: “No sabía que el ejército romano fuera tan potente”. Curiosa relación la que al parecer existe entre la fuerza militar y el rancho. Se cumple a rajatabla en el caso de unos bocadillos de chorizo, tortilla y salchichón absolutamente infames preparados por el Partido Popular en la noche electoral. Habla en favor del estoicismo de la derecha vasca el que la militancia se atreviese con ellos. Pero vamos por partes.
Cada domingo de elecciones tengo por costumbre hacer un recorrido por los cuarteles de los partidos políticos en Bilbao, para observar el ambiente y saludar a algunos conocidos. La primera etapa de este periplo transversal me llevó a Sabin Etxea, donde los jeltzales tenían abierta la primera planta con un montaje de megafonía y monitores de plasma. No había mucha gente en la cafetería, pero el ambiente era animado. Un grupito de triperos, que sin duda habían permanecido activo como interventores y apoderados, se dedicaba a degustar bandejas de queso y embutidos. Los jefes estaban en el sótano, contentos por los resultados del PNV. Aparentemente se había conseguido capear el huracán de Amaiur. Pudo haber sido peor, y de ahí la satisfacción de los burukides. En un clima de circunspección como este a nadie se le estropearon las ganas de cenar.
Otra era la situación a menos de quinientos metros, en el Hotel Domine, donde el Partido Socialista de Euskadi acostumbra a levantar sus cuarteles en época electoral. Decir que aquello era un velatorio se queda corto, con una Lentxu Rubial que parecía la mujer del difunto y hacía esfuerzos por cumplir en su papel de anfitriona. La derrota estaba cantada, pero una cosa es predecirlo y otra vivirlo en directo. Quizá con 120 o 130 escaños no habría habido tanta consternación en los semblantes. A eso de las 23.00 los líderes del PSE llegaron precedidos por su habitual y frenética avanzadilla de fotógrafos y cámaras abriéndose paso para hacer sus tomas, mientras tropezaban con sillas y cables de altavoces.
El Olimpo socialdemócrata, posando como se ve en la foto con que la Directora de Izaronews nos obsequia perversamente en Facebook, se ensambla a sí mismo delante de las cámaras y Patxi López pronuncia un discurso. El Lehendakari hace saber que el PSE tiene la intención de actuar como “aglutinante de fuerzas de izquierda”, lo cual habrá dejado intranquilos a los analistas jeltzales, ya que podría tratarse de un guiño a posibles compañeros de cama. Dentro de unos meses, cuando hayamos avanzado en el proceso de paz y el tema de ETA ya no levante ampollas, tal vez los socialistas pactarían con Amaiur desplazando al PNV en algunos municipios vascos. Les obliga a ello no solo la vocación “aglutinadora” del inquilino de Ajuria Enea, sino el estado en que el derrumbe electoral deja a la economía del partido del puño y de la rosa. Menos escaños significa una menor parte en los fondos asignados por el sistema de financiación de partidos. Y hay 59 tragameriendas de pata negra que han perdido su puesto de trabajo en el Congreso de los Diputados.
Mi último destino era el Hotel Ercilla, sede volante del Partido Popular y de los patéticos bocadillos hechos con el stock sobrante de la cafetería y una remesa de pan que recordaba a aquellas “vienas” de la Transición, con textura de goma y auténticamente demócratas, ya que hasta el teniente coronel Tejero las habría encontrado duras de mascar. En detalles como este se nota el tremendo desprecio que los gestores de la hostelería de postín, patricios bilbaínos al fin y al cabo, sienten hacia la clase política y más aun por la masa que les sigue, ese triste aluvión de seres carentes de una individualidad formada, que es feliz identificándose con sus partidos y prefiere vivir las vidas de los dirigentes antes que cosechar los réditos que resultarían de una mayor diligencia en sus asuntos particulares. Había mucha gente y la animación que era de esperar, aunque no euforia. No están para bollos los hornos del Estado. El actual panadero dejó que todos los sacos de harina se echaran a perder y los molineros ya no fían a nadie. La victoria del PP es como una de esas herencias antiguas con muchos huertos y dehesas, pero también cargadas de deudas con prestamistas de la ciudad.
Basagoiti pasó justo al lado y me saludó dándome las gracias por venir. No se le veía muy contento, y la culpa no la debían tener precisamente los bocadillos. Sus resultados electorales en Euskadi no han sido buenos. Además el edificio levantado con su socio de gobierno López comienza a tambalearse. Sobreponerse a las falsas alegrías del triunfo cuesta más que asimilar el dolor auténtico de la derrota. Sin embargo Antonio sabe mantener la compostura, por aquello de que nobleza obliga. Ser de derechas también.
De modo que extrañas elecciones estas en las el vencedor por goleada no tiene ganas de celebrar su triunfo, y en las que las únicas manifestaciones de júbilo proceden de unos partidetes como quien dice recién llegados a la política, hasta la fecha marginales y nutridos a expensas de las grandes formaciones de la política nacional, y que además tampoco disponen de hoteles céntricos para alojar sedes electorales.

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