El Estatuto de Gernika frente a la voluntad de los vascos
José María Chacón.- Hoy celebran, los partidos nacionalistas españoles, el que han denominado “Día de Euskadi”, que no es otra cosa que una puesta en valor del modelo político que los políticos españoles quieren para los vascos. Según su propio discurso, quieren que el Estatuto de Gernika sea “punto de unión entre los vascos”.
Entre los argumentos con que nos regalan para defender sus pretensiones, PSOE y PP insisten en el “enorme” apoyo que tuvo el Estatuto en el referéndum de 1979 entre los propios vascos. Lo que prefieren olvidar es que los mismos votantes –los mismos- que aprobaron el Estatuto, rechazaron un año antes la Constitución Española con un resultado aún más abrumador: sólo el 30% de los vascos dijo “sí” a la Carta Magna española.
Cuando a un político español lo enfrentas a estos datos suele salirse por la tangente: esta aparente contradicción sería, asegura, fruto de la inmadurez de la sociedad vasca. Sin embargo, es prueba de todo lo contrario, de su inteligencia y pragmatismo. La explicación es bastante simple: los vascos rechazan la Constitución porque es la norma de otro país, de otra nación, que niega su misma existencia como pueblo. Sin embargo, una vez comprobado que el referéndum constitucional sólo tenía validez, para los vascos, si lo votaban a favor, pero no si lo votaban en contra, se limitaron a actuar con pragmatismo. Si los españoles les ofrecen un estatuto de autonomía que les entrega un notable grado de autogobierno dentro de un sistema que rechazan, sencillamente se preguntan “¿cuál es la alternativa?” Y ante esta pregunta, y su correspondiente valoración, los vascos optaron por lo más lógico: si hay que navegar en un sistema político que no es el nuestro, que incluso nos niega lo más básico, la existencia como colectivo con derechos, lo menos malo es hacerlo con algún grado de autogobierno, cuanto más mejor. Esta es la razón del apoyo de los vascos al vigente Estatuto.
Sin embargo, para PP y PSOE el Estatuto de Gernika es el final del viaje, o quieren que lo sea, mientras que para la inmensa mayoría de los vascos el Estatuto no es más que la manera menos dolorosa de tratar con los españoles hasta que consigan lo que de verdad quieren para sí mismos y sus descendientes.
De ahí que todos los esfuerzos que los partidos españoles hacen para mostrar el Estatuto como el gran logro, como el final del camino político para los vascos, estén cargados de patetismo por la enorme carga de voluntarismo que conllevan. La celebración oficial, hoy, del “Día de Euskadi” o “día del Estatuto como final del camino” no es más que una muestra del empecinamiento de los políticos españoles en negar la evidencia, en no querer ver lo que tienen delante de los ojos.
No hace falta hacer cábalas sobre lo que quieren los vascos. Los políticos españoles, apoyándose en sus policías, sus jueces, su ejército y sus medios de comunicación, se toman muchas molestias para impedir que se conozca realmente su voluntad. Sin embargo, si algo hay evidente en este momento, como hace 34 años, es que los vascos no aceptan el Estatuto como final del camino. No sabemos si prefieren la independencia de España o alguna fórmula intermedia. Pero lo que sí sabemos es que en su mayoría no confían en los políticos españoles y, por ello, no aceptan un Estatuto que, nominalmente, otorga un alto grado de autogobierno, pero que, por un lado, niega la existencia de la nación vasca y sus derechos nacionales y, por otro, deja en manos de los gobernantes españoles la capacidad de reducir unilateralmente ese autogobierno a cero si lo consideran oportuno. Para la mayoría democrática de los vascos, el Estatuto de Gernika es una trampa saducea. Por eso no puede ser el final del camino.
Es en este contexto en el que la desaparición de ETA se hace tan importante. Con su desaparición, desaparece también la gran excusa que el estado español ha tenido durante décadas para imponer contra los vascos una legislación especial encaminada, decían, a luchar contra el terrorismo pero cuya virtualidad, sin embargo, era la de servir para maniatar y amordazar a toda la sociedad vasca. ETA ya no existe, las legislaciones de excepción ya no tienen legitimidad democrática, y ahora la sociedad vasca puede manifestar públicamente su voluntad sin ser acusada de dar árnica a los terroristas.
Es el momento de que los vascos hagan evidente, a pesar de los muchos obstáculos que el nacionalismo español pondrá en su camino, su rechazo al Estatuto del PSOE y el PP como final del camino. Es hora de demostrar hasta dónde quieren los vascos llegar, a pesar de que los partidos españoles y sus poderes intenten impedírselo. Y es hora de demostrar quién está imponiendo objetivos políticos a quién, y cómo lo está haciendo.
En este contexto, la celebración, hoy, por parte de los representantes vascos del nacionalismo español, del “día del Estatuto de Autonomía como final del camino para los vascos”, rezuma un ridículo voluntarismo y grandes dosis de patetismo. ¿Será también signo de su voluntad de continuar con la imposición, a cualquier precio?

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