Basagoiti, Garitano y la canción del verano
José María Chacón.- El presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, ha vuelto a hacer gala de su facilidad para el exabrupto hoy mismo. Cada día se parece más a Millán Astray. Hoy ha asegurado, refiriéndose al nuevo Diputado General de Gipuzkoa, Martín Garitano, que es “lo más malo que hay, lo peor de lo peor”. Como sabrán, esto viene a cuento de unas declaraciones de Garitano a un medio catalán, en las que aseguraba que los atentados cometidos por ETA en ese país “han sido un gran error”.
De la torpeza infinita de Garitano al decir estas cosas no vamos a comentar nada. Me temo que la Izquierda Abertzale se ha equivocado de cabo a rabo a la hora de valorar la situación generada tras su viraje hacia la no-violencia y las últimas elecciones. Si realmente pensaban que con unas cuantas declaraciones disruptivas, una llamativa acumulación de fuerzas y unas elecciones exitosas ya estaba todo hecho, es que eran más inocentes de lo esperable. Máxime cuando un partido con el poder del Partido Popular tiene mucho que ganar, en plena campaña electoral como estamos, agitando los más bajos instintos de los ciudadanos/votantes españoles.
Esta situación supone una cosa muy clara para la Izquierda Abertzale y para Garitano en particular, ya que sus enemigos (aquí no hay adversarios) han decidido focalizar en él todo el odio que sienten hacia lo que denominan “el entorno de ETA”: la persecución va a ser inmisericorde. Si habla, se le lanzarán a la yugular por hablar, diga lo que diga; si calla, por callar; si hace, lo que sea, le morderán por hacer, y si no hace nada, lo degollarán públicamente por su inactividad. La consigna en el nacionalismo español, el político y el mediático, es asfixiarlo; asfixiar a Bildu con Garitano como paradigma de “lo peor de lo peor” de “ese mundo”.
Por eso han convertido sus palabras, calificando de “gran error” a los atentados cometidos por ETA en Catalunya, en un “menosprecio” a las víctimas (de ETA), y en una intención de “establecer diferencias” entre víctimas (como si el PP no estableciera diferencias entre las víctimas de ETA y las del nacionalismo español). Ha habido incluso quien ha propuesto que intervenga la fiscalía porque ese imaginado menosprecio podría ser interpretado, con la voluntad necesaria, como delito según la nueva legislación sobre las víctimas del terrorismo. Si el PP y sus acólitos siguen por este camino, transmutando a voluntad las palabras de aquellos a quienes odian y luego forzando la intervención de la justicia a partir de estrambóticos juicios de intenciones arrancados a empellones a partir de tales interpretaciones torticeras y políticamente interesadas, acabaremos viendo a Urkullu entre rejas por su implicación en la muerte de Chindasvinto. Al tiempo.
Con todo, lo más interesante, que no lo más llamativo, que ha dicho esta mañana el nuevo Millán Astray ha sido esto otro: “Euskadi necesita otros referentes morales, políticos e institucionales para conseguir la paz con libertad”. Son unas declaraciones interesantes porque, ¿cuáles habrán de ser esos “otros” referentes? ¿Tal vez los del Partido Popular?
Tal vez debamos empezar por preguntarnos a qué denomina el PP “paz con libertad”. Por ejemplo, podemos pensar que “conseguir la paz con libertad” quiere decir que, por fin, los vascos podremos decidir qué queremos para nuestro futuro sin que ni ETA ni el Estado español pretendan imponernos por la fuerza su voluntad. Sin embargo, mucho me temo que las palabras de Basagoiti no van por ese camino. Para él, cuando de Euskadi se trata, el uso de “paz” y “libertad” en la misma frase solo puede significar una cosa: la España una, grande y libre imponiéndose, una vez más, sobre los vascos. La violencia española se llama “paz” y la cárcel del Estado se llama “libertad” en esos otros “referentes políticos, morales e institucionales” de los que habla Basagoiti.

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