Indar Pilulak
Ametzazurra.- Después del terrible terremoto de Japón, todos estamos con el corazón en un puño viendo las consecuencias que se pueden derivar para la población de la forma en que el terremoto ha afectado a varias centrales nucleares, y en especial a la de Fukushima. Si las perspectivas màs negativas que se ciernen sobre ella se hacen realidad, a pesar de los esfuerzos del gobierno nipón, la catástrofe podría ser muy similar a la de Chernobyl. Me pregunto, ¿dónde están ahora los que hace muy pocas fechas defendían la implantación de nuevas centrales nucleares en España?¿De verdad es esto lo que quieren para su amada España? Podría empezar a dar explicaciones el señor Jose María Aznar, ahora asalariado -también- de Endesa, que hace poco calificaba de inconscientes a quienes se oponían a las centrales nucleares.
.- El PSOE vasco vuelve a delitarnos con sus cosas. Si no era ya poco ver a toda la cúpula socialista, incluido el Lehendakari, cómo le sacaban la cara a la responsable del caso màs evidente de utilización de una iniciativa solidaria con el tercer mundo para procurarse beneficios personales, ahora nos sorprenden acusando al PNV… de ser soberanista. Y flipo. Es como si alguien acusara a PSOE o PP de ser nacionalistas españoles. O al agua, de mojar. ¿De qué demonios creen que va esto?
.- Contradicciones hispanas. Rubalcaba y Zapatero dijeron que Sortu solo podría ser legal si ETA desaparecía o si se alejaban de ETA. Luego le dijeron que para ser legal tendría que conseguir que ETA declarase el final definitivo de la violencia. Algo imposible de conseguir si Sortu se había alejado de ETA. O sea, que en su nueva exigencia se presuponía que ese alejamiento no se había producido, a pesar de las pruebas en contrario, incluida la condena de la violencia y el cumplimiento de las exigencias del Tribunal Supremo. La última exigencia ya ni siquiera es para Sortu: se exige a ETA su desaparición como única posibilidad de que Sortu sea legal, ciscándose en la propia legalidad impuesta por PSOE y PP, y dejándonos claro que para los “amos” de la piel de toro solo vale el factismo gubernativo al mejor estilo Millán Astray. ¿Leyes? ¿A quién le importan?

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