Las torturas, Felipe González y la Deslegitimación de la Violencia

Las torturas, Felipe González y la Deslegitimación de la Violencia

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Martín Sáez de Arrieta.- Aunque habrá quien pretenda que lo creamos, sepan ustedes que la reciente condena por torturas contra cuatro guardias civiles y las recientes declaraciones del expresidente González no son una mera coincidencia en el tiempo.
Si nada menos que todo un presidente de gobierno se atreve a decir públicamente que le habría gustado asesinar a los autores del atentado de Hipercor, a nadie debe extrañar que unos guardias civiles agredan o torturen a los autores del atentado de la T4. Ambos hechos forman parte de un estado de cosas, de una forma de concebir la realidad, según la cual la violencia proveniente del que es estigmatizado como “enemigo”, ya sea pavorosa o nimia, siempre es brutal o inhumana, mientras que la violencia propia, ya sea la más salvaje e injusta, siempre será justificada y, por supuesto, legítima.

En este asunto, el doble rasero, descarado hasta la náusea, con que actúa el frente español ante la violencia, según esta provenga del estado o de sus enemigos, es realmente sobrecogedor.

¿Han oido ustedes alguna crítica contra los torturadores de la Guardia Civil en boca de los habituales paladines de la contra-violencia como Ares, López o Basagoiti? Ni la han oido ni la oirán. La violencia de las instituciones del estado no es un problema, ni siquiera moral, para quienes, sin embargo, es prioritario adoctrinar a nuestros hijos en la “deslegitimación” de la violencia “nacionalista” contra el estado.

Lo único que han acertado a decir esos “superpolis” de la no-violencia es que la condena demuestra “que el estado de derecho funciona”. Ni una mísera crítica a los torturadores, sólo esta estupidez que, además, es mentira, una enorme mentira.

Si el estado de derecho funcionase realmente, las torturas contra los dos miembros de ETA no se habrían producido. En primer lugar, porque los policías españoles tendrían asumido que no deben torturar, algo que a día de hoy, con las FSE, parece ser una utopía. Y en segundo lugar, porque los responsables políticos y judiciales deberían haber establecido los mecanismos necesarios para impedir que las torturas se produzcan. Máxime cuando insignes instituciones internacionales, desde la ONU a Amnistía Internacional o el Consejo de Europa, así se lo han exigido.

Si el estado de derecho realmente funcionase, un asesino como Rodríguez Galindo no estaría hoy en libertad, sino cumpliendo la condena a más de 175 años que le impuso la Justicia por secuestrar, torturar y asesinar a dos jóvenes.

El estado de derecho no funciona, ni mucho menos. En un estado de derecho se toman medidas para que los policías no torturen. Y los expresidentes no claman a los cuatro vientos su deseo de asesinar personalmente a los terroristas, al tiempo que el partido de ese expresidente, aún hoy acusado directa, expresa y públicamente por la oposición de haber creado, dirigido y financiado a una banda de asesinos como el GAL, se empecina en imponer a los niños vascos una iniciativa presentada como un presunto intento de deslegitimar la violencia como recurso político. En un estado de derecho que funcionase con un mínimo de decencia todo esto sería imposible.

Por todo esto, por las palabras de Felipe González en demanda de sangre, y por la hipocresía demostrada por los paladines de la paz ante las torturas de sus guardias civiles, y por el cinismo de una clase política que mantiene sospechosamente el velo de la ignorancia sobre los asesinos del GAL, que los políticos que están protagonizando estas miserias sean los mismos que, con discursos grandilocuentes y engolados, apelen a la moral para hundir a nuestros hijos en un pozo de propaganda política con la excusa de deslegitimar la violencia…de ETA, y solo la de ETA, debería ser suficiente para que los partidos vascos pusieran pie en pared. Pero parece que no va a ser así. Tendremos que ser los padres, en casa, los que impidamos el daño que el nacionalismo español aspira a causarles. Como ocurrió tras la Guerra Civil, tendrán que ser las familias las que desmonten las mentiras y las barbaridades que les cuenten en el colegio.

3 Comentarios a “Las torturas, Felipe González y la Deslegitimación de la Violencia”

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